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Los clásicos a veces viven en una tranquila penumbra, sin disfrutar de la visibilidad que merecen. Muñoz Rojas, esencial y machadiano, clásico y moderno, con algo de místico y no poco de escéptico, escribió al ritmo de las estaciones, con la mirada del labrador. No se apropia del paisaje para expresar su intimidad. Al igual que Antonio Machado y Azorín, su propósito es recrear las cosas, captar su misterio, comprenderlas.
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